





Usa regla de tercios, líneas guía y espacio negativo para dirigir atención al beneficio clave. El storyboard te permite posicionar elementos esenciales y reservar zonas seguras para texto. Minimiza distracciones en fondos y prioriza manos, rostros y resultados. Un simple cambio de ángulo puede duplicar claridad. Dibuja flechas que indiquen trayecto visual en cada cuadro. Luego prueba con públicos distintos si leen lo mismo en tres segundos. Ajusta hasta lograr consistencia.
Planifica titulares cortos, verbos fuertes y métricas claras. Piensa en duración de lectura: mínimo dos segundos por línea, máximo seis palabras por segmento visible. Contraste alto, tipografía sin remates y animaciones sencillas. Evita sombras excesivas y colores chillones que compiten. El storyboard debe indicar entrada y salida de cada rótulo. Incluye glosarios para términos técnicos. Pide a alguien que vea el animático sin audio; si entiende el beneficio, vas por buen camino.
Diseña pensando en silencio automático. Usa iconografía clara, subtítulos precisos y gestos demostrativos. Asegura zonas táctiles visibles cuando muestres procesos de aporte. Evita detalles diminutos y transiciones que dependan del beat musical. Prueba tu animático en pantallas pequeñas a brazo extendido. Si la promesa no se entiende, reescribe. Publica una versión corta en redes y mide retención de los primeros diez segundos; con esos datos, reordena viñetas antes de filmar.